Laos - Tomás Rébora
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Category
Asia, Bicicleta, Fotografía, Instantes, Viajes

 

Cuando la lluvia, el barro y las montañas (y un cambiador roto) te hacen desistir y coger un autobús para poder llegar a descansar al próximo punto del camino, lo que menos esperas es que el conductor se aproveche de tu desgracia y te estafe sabiendo que no tienes otra opción.

Con la rabia de saberte vencido, te sientas y en tu diario buscas las palabras para expresar la frustración que no puedes gritar.

Es en ese momento cuando un adolescente desde atrás te toca el hombro y te pide tu diario de viaje y tu bolígrafo. Yo no hablo su idioma, él tampoco el mío, pero su sonrisa sincera me convence.

Se levanta justo antes de bajar del autobús, me lo entrega y me da la mano con esa sonrisa que no se me olvidará en todo el viaje.

Al llegar al albergue, le pido al dueño que traduzca para mí lo escrito.

Perdón por cómo ha actuado el conductor. En Laos la gente es buena y respetable, espero que sepas perdonarnos y olvidar lo sucedido. Me avergüenzo por no haberte ayudado en su momento. Toma un café a mi salud.”

50,000 Kip acompañaban las hermosas palabras. Mis lágrimas me hacían volver a creer en el mundo, donde aquellos que menos tienen siempre tienen más honestidad que nosotros.

When the rain, the mud and the mountains (and a broken changer) make you give up and catch a bus towards your next destination point in order to get some rest, the last thing you expect is that the driver wants to take advantage of your misfortune and tries to deceive you, aware that you have no choice.

With the rage of knowing you are defeated, you sit down and you look in your diary for the words to express the frustration that you cannot shout aloud.

It is at that moment when a teenager touches your shoulder from the back and asks you for your travel diary and a pen. I can’t speak his language and he can’t speak mine, but his sincere smile convinces me.

He gets up just before getting off the bus, and hands me the diary with a smile that I will forget during the whole trip.

When I arrive to the hostel, I ask the owner to translate for me what he had written.
“Sorry for the driver’s behaviour. In Laos people are good and respectable, I hope you can forgive us and forget what happened. I’m ashamed that I did not help you at the time. Have some coffee to my health.”

50,000 Kip accompanied those beautiful words and my tears made me believe again in the world, where those who have less, have more integrity than us.