Alaska - Dalton Highway - 800 km  - Tomás Rébora
939
portfolio_page-template-default,single,single-portfolio_page,postid-939,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,paspartu_enabled,qode_grid_1300,qode-content-sidebar-responsive,columns-4,qode-theme-ver-10.0,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12,vc_responsive
Category
Alaska, América, Asia, Fotografía, Instantes, Touringbike, Viajes

 

Alaska huele a espacio, a horizontes lejanos, a rutas rectas, a tundra, a frío, a río, a lago, a bosque, a animales salvajes, a pescadores, a cazadores, a buscadores de oro, de plata, de pieles, de trabajo en verano. Alaska huele a días de 24 hrs, a nubes y a sol que a veces pica. 

Huele a gentes amables, prestas a ayudar, a escuchar, a charlar. Huele a glaciares y a veces huele demasiado a petróleo y gas… Alaska huele a espacio, a horizontes lejanos, a incertidumbre y a veces un poquito a miedo.

La Trans-Alaska Pipeline, la linea de petróleo que une Deadhorse con Valdez es una de las columnas vertebrales de Alaska y sin lugar a duda en sus primeros 800 km escoltada por la Dalton HW es un lugar único para empezar un largo viaje. 

Este año se celebran los 40 años de la construcción de la linea de petróleo y ha producido unos 17 billones de barriles, los que han alimentado Alaska y que son para lo bueno y lo malo, uno de sus únicos sustentos. 

Así que saliendo de Fairbanks con un poco de angustia y temor, he de reconocer que lo de no haber entrenado nada, las distancias y los Osos me tenían y estos últimos me tienen  preocupado. 

El plan: Hacer autoestop hasta Deadhorse desde una famosa cafetería de camioneros… Hilltop, famosa por sus tartas… las cuales nadie reconoce como mejores que las de cualquier otro bar de carretera, y es domingo. A mi pesar los famosos camioneros, como las tartas tampoco aparecen. 

Entonces como regalo de su primer día del padre Camilo junto a su mujer y su pequeña niña me llevan por gusto los primeros 90 km, hasta donde empieza realmente la Dalton HW. El es colombiano, piloto de helicóptero en la base militar de Fairbanks, hace meses que no puede volar, lo han operado de una hernia y le duele… quizás me den una paga y me retiro… ella no ve las horas de poder irse mas al sur donde el sol se deje ver todos los días. 

Luego de otros 30 minutos de espera una gran camioneta para y me pregunta que me hace falta. Paso las 2 hrs siguientes enterrado en ropa y trastos que se me caen y con Lisa,la mujer de Jon, tratamos de acomodar ese desorden. Son de California, están retirados y querían llegar hasta el Circulo Polar Ártico, donde me dejan. 

Minutos después para Mike… a dónde te llevo? A Deadhorse… perfecto voy, pero dormiré en Coolfod, una estación de servicio a mitad de camino.  Un regalo del cielo. Mike está retirado por segunda vez. Pelo blanco, barriga hasta el volante, su refresco y su café junto a su bolsa de Charqui… todo al alcance de sus manos. 

No es nacido en Alaska, como casi nadie de su generación, todos vinieron y se quedaron… el norte atrapa… sus hijos sí son de Alaska. Mike ha trabajado para todas las compañías que han tenido algo que ver con la línea de petróleo, es increíble lo que sabe… desde porque la línea se entierra y sale de la tierra caprichosamente ( un tema de Permafrost),  hasta porque está cerrada la estación de bombeo número 3 y 8 (hoy no hace falta tanto petróleo),  ahora se dedica cuando le viene en gana a traer a turistas que han volado hasta Deadhorse y que se quieren mojar los pies en el océano ártico. “Yo me doy un baño cuando puedo… bueno cuando hay suficiente agua” Mike me ilustra durante todo el viaje sobre animales, plantas, lugares y nombre de montañas, estos últimos puestos por los camioneros, sobre como se construyó la carretera y la línea de petróleo. No quiere hablar de política. 

Estamos detrás de una niveladora, el verano es el momento de trabajar en Alaska y mantener las rutas en buen estado es tarea prioritaria,  Mike toma su radio y advierte al conductor que estamos detrás, este responde dejándonos pasar, él le agradece por mantener la carretera lisa… lo hará siempre, siempre dejando unas gracias de regalo, tiende don de gente. Ha sido una suerte. De regreso recordaré cada una de sus explicaciones y consejos.

Cuando bajo del coche y preparo la Bici… un viento helado me da una bofetada de realidad… y sin perder tiempo salgo pedaleando… dejando atrás a Mike, a Deadhorse, que no hace falta visitar, es sólo un conjunto de grandes naves industriales que se dedica a abastecer y mantener en funcionamiento las torres de extracción de petróleo que dan de comer a Alaska. También dejo atrás mi Termo… Siempre me dejo algo al comienzo del camino.  

Los primeros 80 km se me pasan volando, entre el viento y los camiones no me da tiempo a pensar y esa noche acampo en la tundra, al lado de la ruta, en un pedregal, me doy un baño en las heladas aguas de una charca y el arroz me sabe a gloria. Reconozco que ni esa noche, ni muchas otras dormiré tranquilo, me han metido el miedo en el cuerpo y estoy en tierra de osos. 

Los paisajes son sobrecojedores, la tundra lo domina todo en los primeros días, caribues, bisontes, zorros rojos, liebres y alces se pasean por la ruta, en el horizonte se ve la línea de las Brooks Mountain. 

La ruta no está en mal estado y los camiones en la mayoría de los casos aminoran la marcha al verme…pero no deja de ser peligroso, saltan muchas piedras cuando pasan, unos días después conoceré a una pareja de Franceses que están compartiendo este sueño y ella tendrá un accidente sin mayores consecuencias que un hombro dolorido unas semanas de reposos por culpa de un camión, de las piedras, el barro y la mala suerte. 

9 días después y 800 km, con un dolor punzante en ambas rodillas y el hombro derecho, tendría que haber entrenado más, pero feliz llegaré a Fairbanks a la casa de mis queridos amigos. La primer gran ruta está hecha.