Ghana - Tomás Rébora
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Category
África, Cooperación, Fotografía, Viajes
Tags
Africa, bici, Fotografia, travel, trip, viaje

 

Puedes leer mil veces qué sensaciones han tenido otros al llegar a África por primera vez. Pero, cuando es tu primera vez, todo lo imaginado, pensado, soñado se desdibuja y se pierde; y las verdaderas sensaciones aparecen. Ghana y Accra te reciben con ese calor de los trópicos que te hace sudar a mares y a ríos, que te deja pegajoso y hace que al poco rato de caminar por las calles bulliciosas, sucias, rotas y vivas, sobre todo vivas, todos los aromas y colores se te empiecen a pegar en la piel y en el alma.

Manolo me enseñó los primeros pasos de la Cooperación. Muchas noches negras de estrellas africanas llevaba en sus ojos: más de 3 décadas. Era un placer verlo entre las gentes, hablando su idioma y entendiendo sus costumbres, compartiendo sus problemas y sus risas.

Traté de aprender todo lo que pude.

En Nalerigu en BMC fui un médico feliz. Esa era y esa es la medicina que me gusta, la que me mueve: la que no te deja indiferente, la que te hace reflexionar más allá de la enfermedad o el enfermo en sí. Cuando alguien muere por no tener agua, ¿cuán culpable soy yo? Esa medicina que amas y que, a veces, duele por dentro…

 

You can read a thousand times the sensations that others felt when they arrived to Africa for the first time. But when it is your first time, everything you had imagined, thought or dreamed is blurred and lost, and that is when true feelings arise. Ghana and Accra welcome you with that warmth from the tropics that makes you sweat seas and rivers. That heat that makes you sticky, the one that, shortly after walking through the bustling, dirty, broken and alive –above all, alive- streets, makes the aromas and colors start sticking on your skin and your soul.

Manolo taught me the first steps of Cooperation. Many dark nights of African stars had filled his eyes: over three decades. It was a pleasure to see him among people, speaking their language and understanding their customs, sharing their problems and their laughter.

I tried to learn as much as I could.

In Nalerigu in BMC I was a happy doctor. That was -and in fact still- is the medicine I like, the medicine that moves me: the one that does not leave you indifferent, that makes you reflect beyond the illness or the patient itself. When someone dies due to the lack of water, how guilty am I? That medicine you love, and sometimes hurts inside…